leonconejo

Minicuento para antes de dormir

Mi primer hermano

Hola, me llamo Leopoldo y soy un león conejo. Quizás nunca hayas visto un león conejo porque vivimos en una isla muy lejana, llamada Islandia, y muy pocas personas nos conocen.

Primero os hablaré un poco de mí y mi familia. Los leones conejo somos una especie que tiene 200 años de antigüedad. Todo surgió cuando mi tatarabuela Sofía, una conejita muy guapa, se enamoró de mi tatarabuelo Laureano, un león conejo miniatura muy apuesto que al ver a mi tatarabuela Sofía se enamoró a primera vista.

Además, los leones miniatura de Islandia son herbívoros, es decir, no comen carne, así que mis tatarabuelos eran la pareja perfecta.

Yo me parezco mucho a mi padre, tengo una gran melena marrón, unos ojos muy grandes y oscuros y unos dientes algo pequeños. Pero mi cuerpo es como el de un conejo y mi cola es redondita y peluda.

Y ahora os voy a contar la historia de cómo conocí a mi primer hermano.

Recuerdo que mi madre cada día estaba más gordita, yo me reía porque la veía muy guapa y a diferencia de las vecinas, ella estaba muy contenta con sus nuevos kilos.

Un día, yo estaba debajo de un árbol cuando mi padre, que se llama Roy, salió corriendo muy nervioso, yo me asusté y no entendía nada, solo veía a mi padre correr de un lado a otro como un loco.

Mi abuela Pepa me dijo que me quedara quieto y no me preocupara, que lo que estaba pasando era algo mágico y que pronto tendría un hermanito o hermanita.

Yo no veía muy bien desde tan lejos pero entendí que si quieres tener un hermano tu padre tiene que correr muy rápido de un lado a otro y tu madre de vez en cuando gritar y decir unas palabras que… bueno… mi abuela no me deja repetir.

Después de casi 3 horas mi abuela Pepa me dijo que fuera a conocer a mi hermanito y salí corriendo y saltando. ¡Estaba muy contento!

Cuando vi a mi hermanito llevé una gran sorpresa, no tenía melena, es más, casi no tenía pelo y era muy muy feo. Estaba mojado, con los ojos cerrados y pegado a una teta de mi madre…. La verdad… yo no me imaginaba así a mi hermano, pensaba que se parecería  mi o a nuestro padre y cuando lo vi no se me parecía a nadie.

No me importaba mucho que fuera tan feo, pero… que no jugara y pasara el día en la teta de mi madre… ¡Eso si que no! Así que lo primero que le dije a mi madre fue que lo devolviera y trajera otro que jugara, que no quisiera teta (podía beber agua y comer frutas y verduras como los demás) y si no era mucho pedir… que fuera un poquito más guapo.

Mi madre, mi padre, mis abuelos y dos vecinas que se acercaron empezaron a reírse a carcajadas. ¡Ni que estuviera yo loco! Sólo estaba pidiendo un hermano como el de mi amigo Pedro, con el que jugar y con pelo.

Os podéis imaginar que nadie me hizo caso y mi hermano siguió pegado a la teta de mi madre todo el día… que aburrido me parecía, me lo imaginaba de viejo como los abuelos y pegado a la teta de nuestra mamá que de tanto tirar medía metros y metros.

Pero un día mi hermanito, al que todos llamaban Popi abrió los ojos y como ya no estaba mojado y parecía que tenía algo de pelo pues… ya no era tan feo. Unos días después ya soltaba la teta de mami un rato y empezó a jugar conmigo.

Popi era pequeño y torpe pero muy gracioso. Yo jugaba con él con cuidado para no hacerle daño y lo cuidaba. Cada día Popi jugaba mejor, corría mejor y tenía más pelo.

Un par de semanas después de que Popi naciera era mi mejor amigo, siempre jugábamos juntos y ahora sé que no podría tener un hermano mejor.

Le pedí a mi madre 10 hermanos más pero si el día que le dije que devolviera a Popi mi madre se rió mucho, esta vez se pasó horas y horas riendo. Yo no entendía el porqué, yo sabía multiplicar y si jugar con 1 hermano era divertido con 10 hermanos sería 10 veces más divertido.